//Constituyente: guerra o Pax Romana (I)

Constituyente: guerra o Pax Romana (I)

Cuando el Imperio Romano decidía invadir a una nación claramente más débil, ésta tenía dos opciones: una guerra suicida o la pax romana; ésta última consistía en evitar ser borrados del mapa, plegándose a las leyes de Roma y aceptando su autoridad.

 

Constituyente contra la guerra

La oferta más importante de la Constituyente fue la paz. La campaña insistía en que se trataba de la Constituyente de Paz. La oferta tenía sentido porque el camino elegido por la oposición para enfrentar al gobierno había convertido al país en un verdadero infierno.

Se trataba de un estado muy similar al de una guerra civil, sólo que fría; con combate de baja intensidad. Desde un principio planteamos que el gobierno debía aplicar la ley contra la cúpula directiva de la oposición, dado que el planteamiento de insurgencia era incompatible con las leyes y la Constitución.

Pero desde la lógica del gobierno, la convocatoria a la constituyente era mucho más útil que procesar a los dirigentes de oposición. Apresar a los dirigentes podía hacer ver al gobierno como el malo de la película y no facilitaba el cambio de tablero. Porque la partida estaba trancada, y sólo se podía ganar cambiando las reglas.

 

La Constituyente destrancó el juego
La Constituyente destrancó el juego

 

 

Ese cambio de reglas se resolvió con la constituyente: la necesidad de un nuevo marco legal y la vía expedita de patear la mesa y repartir las fichas de nuevo. Una nueva mano. Por eso la constituyente fue una buena idea en cuanto a resolver el conflicto de gobernabilidad y también para desarticular políticamente a la oposición.

Esta estrategia es genial para el gobierno; el único problema es que privilegia el control político sobre el reino de las leyes, y sólo el cumplimiento de la ley garantiza la justicia social.

 

Un escenario sin guerra

Imaginemos un escenario hipotético, una línea del tiempo paralela, como en “Volver al Futuro” en el que el Tribunal Supremo de Justicia no intenta absorber funciones de la Asamblea Nacional, la Fiscal General no habla de ruptura constitucional y, por consiguiente, la oposición tampoco toma las calles.

La comida era la gran preocupación del pueblo
La comida era la gran preocupación del pueblo

En ese escenario los problemas prioritarios de abril, mayo, junio y julio no tienen que ver con la violencia de la oposición en las calles, sino con los que ocupaban a la gente en marzo: conseguir comida, lograr que la plata le alcance, sortear la escasez.

En ese escenario el discurso gubernamental sigue desgastándose y la oposición gana fuerza lentamente. Además, cada vez pierde más vigencia el leit motiv del gobierno: “el legado de Chávez”.

Pero ¿qué es el legado de Chávez?

Podemos afirmar con un margen de error manejable, que al menos el sector del país que cree o creyó en el chavismo debe estar de acuerdo en que el legado de Chávez está conformado por algunos puntos ideológicos y pragmáticos base. Por supuesto que cada grupo social se interesa más o menos en unos u otros. Esos puntos serían:

  • La democracia participativa que, al menos en el papel, entrega el poder al pueblo y no a sus “representantes”.
  • La construcción del Estado Comunal, en contraposición al actual Estado de carácter burgués.
  • La reivindicación de lo nacional sin caer en chovinismo ni xenofobia, e incluso ampliando el concepto de Patria a toda Latinoamérica.
  • La búsqueda de la justicia social, reivindicando e igualando en derechos a grupos minoritarios.
  • El Buen vivir; es decir, el acceso a bienes y servicios para la mayoría de la población.

Todo esto se sustenta en el legado por excelencia: la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, el mítico libro azul que tantas veces sacó Chávez en sus discursos, esgrimido con especial significación la madrugada del 14 de abril de 2002.

 

La CRBV es como la Biblia del chavismo /YVKE
La CRBV es como la Biblia del chavismo /YVKE

 

Pero en marzo de 2017, debido a un complejo entramado de razones (entre ellas la Guerra Económica, la inacción del gobierno, la incapacidad para levantar a economía, la contracción de la demanda petrolera y sin duda, la corrupción) los factores que conforman el “legado de Chávez” estaban en su mínima expresión.

Si se revisan los puntos enumerados anteriormente, veremos que el único valor que estaba intacto, indemne, era la Constitución de 1999.

Pero si el grupo político al que Chávez encargó su más preciada obra -su legado-, lo habían dejado perder, muy a despecho del pueblo ¿por qué ese pueblo iba a confiar en ese mismo grupo para mejorar la constitución, único remanente del legado que no había sido violentado?

¿Cómo se explica que el chavismo haya confiado en líderes con niveles tan bajos de aceptación para modificar la joya de la corona, la niña de los ojos de Chávez, su Constitución?

 

La violencia necesaria

 

Es allí donde entra en juego la oposición, que activó el mecanismo de autoprotección del chavismo. Hay un comportamiento histórico en el chavismo y es que, cuando aparece una amenaza externa, cierra filas. Busca un núcleo, busca la manera de protegerse de la amenaza, prefiriendo lo que juzga como un mal menor.

Muchas personas dentro del chavismo, incluso ex ministros de Chávez y columnas forjadoras del MBR-200, del Movimiento V República o más recientemente, del Psuv, entraron en alerta al ver en peligro la constitución del 99 y se mostraron en contra de la constituyente, pero ante la arremetida opositora, la constituyente se convirtió rápidamente en el mal menor.

 

La ANC prometió acabar la situación de guerra
La ANC prometió acabar la situación de guerra

 

La acción violenta de la oposición posibilitó además, al gobierno, señalar como disidentes, opositores y traidores a quienes plantearon sus reservas frente a la constituyente. Anteriormente se había expulsado a Jorge Giordani o a Héctor Navarro del Psuv, ahora se forzaba la salida a otros actores del chavismo.

Así comenzó a forjarse la Pax Romana de la ANC.