//Rabia: crimen de odio y cacería de brujas (II)

Rabia: crimen de odio y cacería de brujas (II)

Continuamos hablando acerca de la satanización del enemigo en la Venezuela de hoy. En esta entrega intentamos explicar cómo el pueblo pasó del amor y el miedo a la rabia colectiva.

Importante: la comprensión de este texto requiere terapia previa: hay que leer la primera parte, haciendo clic aquí. 

Fase del amor contra el miedo

Chávez, y con él el chavismo, surgen “de la nada”, como una solución mesiánica, desde 1992, cuando las intentonas golpistas y el famoso discurso de un soldado capturado construyeron en el imaginario colectivo la llegada de un salvador. El elegido, Kal El, Neo… el mesías de la Patria.

Su breve exposición, de poco más de un minuto, contenía coraje, humanidad, responsabilidad y esperanza. La responsabilidad era (como hoy) una cualidad perdida en el mundo de la política. Chávez fue la primera persona que se responsabilizó públicamente de cualquier fracaso en al menos 30 años.

Pero también anunciaba la esperanza, contenida en las simples palabras “por ahora”. La gente se enamoró del soldado y la popularidad de Chávez fue inmediata. En los carnavales de 1992 hubo miles de niños disfrazados de “chavecitos”.

Cuando Chávez formalizó su candidatura a la presidencia en 1997, la oposición, a través de sus medios de comunicación, comparó a Chávez con Hitler. En El Diario de Caracas se publicó una caricatura en la que se planteaba que el Esequibo era la “Renania de Chavez”.

Aún no era presidente y ya se decía que invadiría a Guyana. Dos décadas después, Maduro parece estar destinado a ser “el presidente que perdió el Esequibo” ¡Justo lo contrario!.

Tal Cual compara a Chávez con Hitler /TalCual
Tal Cual compara a Chávez con Hitler /Tal Cual

 

Desde entonces el chavismo ha sido casi indetenible. La oposición mantuvo a sus seguidores, históricamente, a través del miedo: satanizó al gobierno de Chávez, planteando que serían expropiados los bienes, que secuestrarían a los hijos para criarlos en las comunas (obviamente no entendían que “comuna” era una forma de división territorial).

Pero en todo caso, el chavismo no supo defenderse de tales ataques sin acudir a métodos muy similares. Para Chávez, una mentalidad militar del “nosotros y ellos”, le facilitó dividir al país en dos grupos claramente definidos: “los míos y los del otro bando”.

El chavismo también demonizó al adversario. Convirtió a todos los opositores en “escuálidos” y “oligarcas”. El presidente Chávez desatendió la advertencia de Fidel Castro, cuando éste le dijo: “Hugo, no puedes pelearte con esa gente, Venezuela no tiene cuatro millones de oligarcas”.

Pero los dimes y diretes siguieron. La violencia verbal continuó su escalada, con alguna que otra escaramuza aislada que siempre fue señalada con horror por la gran mayoría de la población.

Recientemente, eso cambió. ¿pero cómo?

 

La rabia, la arrechera

 

A diferencia del resto del continente, en donde la palabra arrechera designa el deseo sexual, en Venezuela arrechera es rabia, furia. La arrechera debe descargarse sanamente, o genera violencia.

A partir de 2001, la oposición comenzó a incorporar rabia a su discurso, moviendo a sectores muy radicales de sus seguidores a odiar al chavismo. Léase bien, no a temerlo, sino a odiarlo, aprovechando el clasismo inherente a determinados sectores sociales.

 

Violencia gráfica de Rayma, en El Nacional /El Nacional
Violencia gráfica de Rayma, en El Nacional /El Nacional

Decían, por ejemplo, que los “círculos violentos” entrarían como hordas a las casas de los ricos para saquear y matar a todo el mundo, al más puro estilo vikingo.

Algunas personas tomaron cursos de tiro (recordar la gran cantidad de armas de fuego que hay en el país), sospecharon de las personas que tenían a su servicio desde hacía décadas; en fin, se inició un proceso que lograron hacer estallar en 2004, cuando las primeras guarimbas. También hubo violencia en 2007, cuando la marcha de los estudiantes en dirección al CNE terminó incendiando la avenida Bolívar de Caracas.

En 2012 se repitió la fórmula. En 2013, tras perder las elecciones, Henrique Capriles pidió al pueblo sacar sus cacerolas y “descargar su arrechera” con ellas. En cambio, la gente salió a las calles y hubo muchas muertes. En 2014 el llamado de Leopoldo López vertió violencia sobre Caracas. Ahora en 2017, lo mismo nos pasa.

Mientras tanto y hasta hace muy poco, la generalidad del pueblo chavista continuó en el embeleso mesiánico que comentamos antes; el culto a la personalidad del líder crecía día con día y se decía en son de broma que Chávez era igual que el Guaire (el río contaminado que atraviesa a Caracas), “entre más mierda le echan, más crece”.

 

El culto al líder se acentuó tras su fallecimiento
El culto al líder se acentuó tras su fallecimiento

Pero el chavismo también tiene sus violentos. La izquierda ha mantenido sus grupos de choque (que no son, ni fueron nunca los círculos bolivarianos) atentos pero muy tranquilos. En estado de latencia. Sólo durante la crisis de abril de Estado de 2002 mostraron un poco los dientes.

Es importante recordar que ambos grupos están dotados con armas de fuego. Mientras los de oposición siempre han sido reaccionarios, los pro gubernamentales quedaron sin guía y sin freno con la muerte de Chávez. No reconocen otro liderazgo que el del fallecido comandante y su ideario. Lo que llaman “el legado de Chávez”.

 

Chavismo post-Chávez

 

El PSUV se apresuró a proclamar a los cuatro vientos que seguirían “el legado de Chávez”; llegó a ser repulsiva la frecuencia con que sus miembros invocaron el famoso legado, convirtiéndolo en un slogan, en etiqueta para el twitter, en palabra al viento. Con gran rapidez vaciaron de contenido esa frase: “el legado de Chávez”.

Para algunos, la manera en que actúa el gobierno, al despojar de su densidad el pensamiento de Chávez, supuso una traición, de modo que una parte del pueblo chavista sufre, además del dolor por la ausencia del líder, la arrechera producida por ver cómo los encargados de continuar la tarea del líder, la han traicionado.

 

"Maduro no es Chávez", dice la gente.
“Maduro no es Chávez”, dice la gente.

Otro grupo cree que el presidente Maduro continúa en la batalla, pero bajo un ataque opositor mucho más profundo y violento que los ataques recibidos por Chávez. Para los primeros, éste grupo actúa bajo una especie de encantamiento o ceguera. Muchas veces se les llama “gobierneros” o “maduristas”.

Aparece por primera vez una división realmente importante en el chavismo: maduristas y críticos. Existe ahora un chavismo inconforme con Maduro, profundamente arrecho con un presente muy distinto al proceso para el que luchó durante muchos años, que además es acusado de revisionista, trotskista, dañino.

 

 

Lo cierto es que debido a la crisis económica desatada por la caída de los precios del petróleo, debido a la falta de previsión, la corrupción, la ineptitud gubernamental, la centrífuga de dólares que beneficia a los enchufados, sean estos empresariales, abiertamente de oposición o de boina roja; debido a la especulación de la que participan los comerciantes, el acaparamiento, el contrabando, el nulo control al bachaqueo; debido, en fin, a la dificultad para alimentarse, la rabia comenzó a contagiarse al chavismo.