//Votar o no votar, that is the question

Votar o no votar, that is the question

Votar es un derecho constitucional; este fin de semana habrá elecciones presidenciales en Venezuela y como ya es costumbre, la oposición luce sin rumbo y le facilita el trabajo de reelegirse a Maduro. Veamos por qué.

Las oposiciones y los chavismos

Desde la última vez que escribimos por acá hasta hoy, se han evidenciado algunos de los planteamientos que hiciéramos antes; por ejemplo:

  • Ni la oposición ni el gobierno cuentan con bloques monolíticos, como ocurría hace unos años.
  • El gobierno y el chavismo no son la misma cosa.
  • La Asamblea Nacional Constituyente no iba a resolver los problemas del país y que tampoco iba a crear una nueva constitución en un lapso breve, sino que serviría como instancia de concentración de poder
  • Que sectores dominantes del gobierno y la oposición tienen muchos intereses en común y conforman una sólida alianza, aunque cuidadosamente disimulada.

Esta realidad es mucho más compleja que el esquema binario de hace una década: “chavismo vs antichavismo”, y permite la aparición de candidatos de oposición que alguna vez fueron chavistas (Henri Falcón) o candidatos de “oposición” que parecen puestos adrede por el gobierno para dividir a la oposición (Javier Bertucci), así como algunos minoritarios que simplemente participan por no quedarse afuera, como lo hicieran antes Benjamín Rausseo (El Conde) o María Bolívar.

Henri Falcón proviene del chavismo, pero se opone a Maduro
Henri Falcón proviene del chavismo, pero se opone a Maduro

 

En ese escenario, hay cuatro tendencias dominantes:

La opción del gobierno, que consiste en votar por Maduro, o las tres opciones de oposición:

  1. Votar por Henri Falcón
  2. Votar por Javier Bertucci
  3. No votar

¿Por qué llamar a la abstención? Esta es una opción que sólo se justifica desde la estupidez, o desde una enorme mala intención. Veamos.

 

¿ Votar para que gane Maduro?

 

El sistema electoral venezolano no requiere de un límite mínimo de votantes para convalidar al ganador, y tampoco hay segunda vuelta. Eso no es nuevo; en 1994, el Dr. Rafael Caldera obtuvo la presidencia con menos del 25% de los votos.

De haber vivido en un sistema con segunda vuelta, al contabilizar los otros candidatos, entre todos sumaban más del 50%, así que habrían forzado a una segunda vuelta en la que tendrían que reacomodarse las fuerzas y estrategias. Pero nuestro sistema no contaba, ni cuenta ahora con ese dispositivo

 

Maduro aprovecha la división del adversario
Maduro aprovecha la división del adversario

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Por tal razón, a Maduro le basta con obtener más votos que cada uno de los candidatos de oposición, y como hay dos, es poco probable que alguno de los dos lo supere. Henri Falcón y Javier Bertucci pudieran, unificando sus candidaturas, dar una muestra de buena voluntad, de intenciones constructivas para el país, pero no lo hacen.

La candidatura de Bertucci es inconstitucional por no ser laico
La candidatura de Bertucci es inconstitucional por no ser laico

En 1998 las candidaturas de Irene Sáez (Copei – Causa R) y Luis Alfaro Ucero (AD), restaron fortaleza a Salas Römer (Proyecto Venezuela) al romper la unidad de los candidatos “del sistema” en su primer enfrentamiento al candidato Chávez, quien había prometido romper el sistema. Faltando dos semanas para el final de la campaña, se plegaron con Salas, pero era tarde y los resultados son conocidos.

La situación de hoy, 20 años más tarde, es la misma. Maduro saca ventaja de la división opositora.

 

La oposición fortalece al gobierno

Hay parte de la oposición que califica al gobierno de Nicolás Maduro es ilegítimo, írrito, y sobre todo, plantea que se trata de una dictadura. Lamentablemente para sus propios planes, este método no da resultados.

Los esfuerzos de la oposición por dinamitar la legalidad del gobierno se han estrellado contra su propia torpeza. Personajes como Requesens, quien confesó abiertamente que el plebiscito del 16 de junio sólo servía para propiciar un Golpe de Estado, contribuyen a la deslegitimación de la oposición y por tanto fortalecen al gobierno.

La oposición "no asistió" en 2005
La oposición “no asistió” en 2005

Tampoco es la primera vez que la oposición llama a no votar y por consiguiente pierde toda capacidad de movilización, además de quedar fracturada. En 2005 hubo elecciones de diputados a la Asamblea Nacional, y la oposición, en un intento por demostrar la ilegitimidad del gobierno, llamó a la abstención. El resultado fue que el gobierno siguió adelante, se celebraron elecciones y la AN fue gobernada a placer por el PSUV durante un período entero.

En 2010, la oposición participó y obtuvo más de la tercera parte de los diputados, pero cometió el error de vender ese resultado como un triunfo: “le quitamos al chavismo muchos escaños”, cuando la realidad era que la oposición había cedido voluntariamente esos escaños 5 años atrás.

En 2015, la oposición barrió al PSUV en las elecciones de la Asamblea Nacional y permitió, estúpidamente, que ésta fuese deslegitimada por un tecnicismo relacionado con los diputados del estado Amazonas.

En 2017, hace poco más de un año, el gobierno convocó a una Asamblea Nacional Constituyente, en un momento en que la oposición afirmaba tener el 80% de los votos. Lejos de aprovechar esa circunstancia, la MUD decidió no participar. El resultado está a la vista: la elección de la ANC no sólo desmanteló el clima de protestas instalado en el país, sino que relegitimó al gobierno, que pudo demostrar más de 8 millones de votos, en ausencia de la oposición.

De modo que, dejémoslo claro, cuando la oposición no participa, el gobierno se fortalece.

¿Las elecciones garantizan democracia?

No siempre. Ciertamente hay regímenes por el mundo en los que se realizan elecciones simbólicas, en las que el resultado da lo mismo. Pero si lo vemos en profundidad, eso ocurre en casi cualquier parte: cambiar al presidente no suele implicar un cambio de sistema sociopolítico, sino de administración.

En Venezuela hay un sistema derivado de la legitimidad democrática y por tanto legalizado, que contiene en sí mismo una suma de vicios y manipulaciones que, en la práctica, lo convierten en una dictadura. No obstante, no hay consenso alrededor de esta tesis, de modo que en ninguna instancia nacional o internacional puede afirmarse de manera fehaciente y con basamento jurídico, que en Venezuela haya una dictadura.

Por tal razón, poquísimos países han rechazado la presencia de embajadores venezolanos; poquísimos se atreven a desconocer el gobierno de Maduro y en cambio declaran que “desconocerán los resultados de las elecciones”; es decir, cuestionan la idoneidad como árbitro del Consejo Nacional Electoral, pero no llegan a considerar espurio al Ejecutivo Nacional, ni a sus representantes en diversas instancias internacionales.

Mención especial requiere el caso de la OEA, donde se anunció la expulsión de Venezuela un año después de que Venezuela renunciase a ese mismo foro; es como una escena de novela en la que el marido le grita a la mujer que ya va 100 metros más allá: “no es que tú me dejas, es que yo te boto…”.

 

¿ Votar en dictadura la fortalece?

Aceptemos, a efectos del análisis, la tesis de que Maduro ha instalado una dictadura en Venezuela. Incluso en esa situación, la oposición debe votar.

La tesis de que votar fortalece a la dictadura no es aplicable al caso venezolano. El gobierno de Maduro no está deslegitimado internacionalmente y un alto nivel de abstención no garantiza (ya fracasaron tres veces) que se produzca el efecto deseado. Las últimas elecciones, de la ANC, registraron una abstención del 58,5%, es decir, más rechazo que aceptación.

Una dictadura no suele llamar a elecciones, y si lo hace es porque la presión social está a punto de estallarle en la cara y necesita soltar alguna válvula. Cuando esto ocurre, es el momento en que los ciudadanos deben aprovechar para mostrar todo su descontento, votando contra el gobierno.

Un ejemplo de esta situación se da en 1952, cuando Pérez Jiménez desconoce los resultados de las elecciones y asume el poder. Es bajo la asunción de una dictadura, la prohibición de los partidos políticos y la aniquilación de la disidencia que AD obtuvo el respaldo de la Fuerza Armada, así como la masa crítica necesaria para defenestrarlo en 1958.

En Chile, 1989, un régimen abiertamente dictatorial y asesino debió llamar a referendo bajo una enorme presión social, recibiendo un sonoro NO que le obligó a llamar a elecciones en un plazo bastante breve, en comparación con los 17 años de mandato irrestricto por parte de Pinochet.

 

Pinochet no pudo contra el pueblo
Pinochet no pudo contra el pueblo

 

De modo que sólo la participación popular y masiva puede cambiar la situación venezolana. El llamado abstencionista sólo le sirve a dos grupos: a un sector de la oposición al que le conviene que el PSUV mantenga el poder, y a otro sector de la oposición que sólo puede acceder al poder mediante una intervención internacional, y que ha fracasado estrepitosamente en todos sus intentos anteriores.

Los primeros son corruptos de la misma calaña que los del PSUV, dado que hacen negocios juntos y juntos desangran al país; y los otros apuestan a un baño de sangre para convertirse en títeres de los intereses trasnacionales con los que están comprometidos. Ni unos ni otros merecen gobernar.

Mientras tanto, este 20 de mayo serán las elecciones y, si usted apoya a Maduro, salga a votar. Si en cambio, apoya a la oposición, vaya también a votar; recuerde que si la oposición estuviese unida, tendría chance de ganar, y quizá valga la pena demostrarlo numéricamente.