//Votar: un desafío al terror
Votar CNE

Votar: un desafío al terror

Las elecciones del 30 de julio parecen destinadas a ser el día del verdadero inicio de las hostilidades. Ambos lados de la ecuación echan el resto y, mientras la oposición llamó a impedir tales elecciones a cualquier costo, el Gobierno insiste en realizarlas, incluso en las difíciles circunstancias que se viven.

Votar, la tradición amenazada

Votar, el derecho al voto, es uno de los valores más apreciados de la democracia: la expresión libérrima de la preferencia de cada ciudadano al amparo de la confidencialidad, que permite decidir colectivamente el destino nacional.

Lo ideal es que el voto pueda ejercerse con la conciencia limpia, la frente en alto y sin temor a represalias.

Todo ese panorama está gravemente amenazado en estos días. El presidente Nicolás Maduro ha llamado a una Constituyente; es decir, a la refundación del Estado por medio de la creación de una nueva constitución, y los candidatos a formar parte de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) se van a medir en un proceso electoral que tendrá lugar el 30 de julio. Es decir, en menos de un mes.

Violencia opositora en acción
Violencia opositora en acción

 

Esto ocurre en medio de los días más crispados en la historia reciente del país, con una oposición apoderada de la calle, generando protestas violentas sin que sus dirigentes políticos se deslinden del vandalismo (excepto un tímido llamado tras la muerte del joven Daniel Vallenilla en La Carlota), y con un ambiente claramente pre-bélico.

En medio de estas protestas han ocurrido los peores ataques a la ciudadanía, incluyendo varias personas asesinadas por oponerse a los planes de la oposición violenta, por manifestarse en favor del Gobierno, o simplemente por tener la mala suerte de “parecer chavista”.

 

El terror de andar marcado

Cuando el comandante Hugo Chávez falleció, el 5 de marzo de 2013, se desató una ola de dolor en el seno de sus partidarios que llegó a contagiar buena parte del electorado no comprometido. Había un ambiente muy sombrío en la calle.

Pronto aparecieron manifestaciones de amor póstumo como la de tatuarse la firma del presidente en las muñecas o en los brazos. Los más osados se tatuaron la frente, y algunos el pecho. Lo cierto es que hubo incluso jornadas de tatuaje gratuito, y muchas personas manifestaron así su amor al  presidente.

Tatuados por amor a Chávez
Tatuados por amor a Chávez

Así como en aquel momento los poseedores de esos tatuajes los mostraban con orgullo, en estos días tener uno de esos tatuajes en una zona difícil de esconder es un peligro. Se corre el riesgo de estar tranquilamente en el mercado o tomándose un café y convertirse en víctima de acoso, de la violencia física o, en circunstancias más complicadas, de ser herido gravemente o asesinado.

El escrache (palabra muy nueva en el vocabulario venezolano) se ha instalado desde hace unos pocos meses en el imaginario -y en el día a día- criollo, cuando se popularizó la práctica de buscar a los personeros del chavismo dentro y fuera del país para acosarlos. Se llegó al extremo de acosar a un ex novio de la hija del presidente Chávez (o sea, un señor que no tiene ningún vínculo con el Gobierno), cuando cenaba en un restaurant en el extranjero.

¿El 30 de julio comienza la guerra?

Dado que al proceso constituyente es una iniciativa del chavismo, la dirigencia opositora, agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), se ha mostrado de manera decidida como contraria a la realización de la Constituyente y ha puesto sus esfuerzos en evitarla.

En un acto que nos pareció suicida, no inscribió candidatos a la ANC, tal como hizo en el año 2005, cuando no presentó candidatos a las elecciones legislativas, permitiendo que todas las curules quedaran en manos del chavismo.

Adicionalmente, la MUD ha anunciado que evitará que la gente pueda asistir a los centros de votación, con todos los medios a su alcance. Quien vaya a votar quedará identificado como chavista, con todo el riesgo que ello entraña.

A pesar de que existen sistemas electrónicos desde hace más de una década, cuando un venezolano va a votar siempre sale con el dedo meñique manchado de tinta morada. El Consejo Nacional Electoral se asegura de que ningún ciudadano vote dos veces marcando el dedo con una tinta que tarda varios días en desaparecer.

El gobierno ha anunciado que extremará medidas aumentando el radio de seguridad de los centros de votación de 100 metros a 500 metros; es decir, que alrededor de cada centro de votación habrá un área militarizada, con el fin de garantizar la paz en los centros de votación, que son blanco previsible de la violencia que conocemos.
Pero, una vez que salga de esa zona, ¿cómo hace un ciudadano común para evitar una emboscada violenta?

El meñique entintado es un símbolo de soberanía
El meñique entintado es un símbolo de soberanía

Más aún. Si un ciudadano vive en un municipio de aplastante mayoría opositora, ¿tendrá que maquillarse el dedo durante varios días? ¿cómo podrá circular sin correr el riesgo de que lo identifiquen y asesinen por haber asistido a votar? ¿Qué pasa con la gente que trabaja en alguna zona de crispación?
Todas estas preguntas se las hacen los ciudadanos que apoyan la constituyente y viven en las zonas en que domina la oposición violenta. No son pocos.

Las amenazas no son unidireccionales. Mientras unos son presa de cacería por ir a votar, en otras zonas de la ciudad puede ser tremendamente peligroso no asistir, o no tener el dedo manchado al día siguiente de las elecciones, porque quedaría entonces identificado como “escuálido” o traidor a la patria.

Aunque no se han registrado muertes por linchamiento a manos de manifestantes chavistas, ha habido amenazas, incluso en televisión, e incluso frente al propio presidente Maduro.

 

Votar para evitar que otros voten

Mientras un grupo de la ciudadanía se hace esa pregunta, la dirigencia opositora, anunció el lunes 3 de julio su intención de organizar unas elecciones paralelas que se realizarán el día 16 del mismo mes; es decir, dos semanas antes de la fecha establecida para la Constituyente.

 

Julio Borges anunció el plebiscito
Julio Borges anunció el plebiscito

 

El objetivo del mismo, según planteó el opositor Julio Borges, presidente del Legislativo, es preguntarle al pueblo si se adhiere o no a la aplicación de los Artículos 333 y 350 de la Constitución, y a partir de ahí activar la llamada “hora cero”, para “reconquistar la Constitución y la democracia”.

El plebiscito, según dice, pretende determinar que sea el pueblo quien decida:

1. Si rechaza la Constituyente
2. El rol que toca a los funcionarios públicos y la Fuerza Armada Nacional para restituir el orden constitucional
3. La renovación de los Poderes Públicos y la conformación de un Gobierno de Unidad Nacional

En dos platos, Borges ha planteado decirle que no a la constituyente y refundar el Gobierno (no el Estado) sin pasar por una nueva visión del Estado. Es curioso, pero el planteamiento de la MUD implica llamar a sus seguidores para que voten en contra de la realización de otro proceso electoral. O sea, llaman a un lado de la población a desconocer “oficialmente” al otro.

Nótense las comillas en “oficialmente”. Lo más absurdo de este asunto es que la MUD, dado que ha desconocido a las actuales autoridades, no cuenta con el CNE, ni con los centros de votación, ni con la Fuerza Armada Nacional, que se encarga de resguardar las elecciones. No. La MUD ha propuesto un plebiscito que no puede ser oficial y que no tiene asidero jurídico.

En realidad, el objetivo de la MUD no es evitar la creación de una nueva constitución, dado que para aprobar el nuevo texto se requiere un referendo nacional que la ratifique, y éste es vinculante. Da la impresión de que la apuesta de la MUD es legitimarse como estructura gubernamental independiente, fraccionando la unidad del Estado venezolano.

Este paso pudiera apuntar a la formación de un gobierno en el exilio, pero sin haberse exiliado, que pueda convertirse en un interlocutor aceptable para actores  internacionales con intereses en el país.

Si la cuenta regresiva al 30 de julio era tensa, ahora la oposición pone una fecha más cercana en la agenda y pone al gobierno a pensar en la próxima jugada.